Un mar de fueguitos...

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

Eduardo Galeano
( El mundo , de "El libro de los abrazos")

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viernes, 4 de junio de 2010

SISTEMA MORSE DE COMUNICACION

El Telégrafo Aliado del Ferrocarril

Samuel Finley Breese Morse, el inventor del telégrafo, jamás hubiera imaginado que su sistema de comunicación que fuera creado en aquel distante 1832, habría de perdurar hasta casi nuestros días. Hoy, los últimos adelantos en la materia lo fueron reemplazando, primero paulatinamente y luego en forma vertiginosa hasta arribar a la alta tecnología que todos conocemos. Este sistema denominado Código Morse o Alfabeto Morse reproduce letras y números mediante signos transmitidos de manera discontinua. Utilizado también en radiotelegrafía, recorrió con su sonar seco y contundente toda la esfera terrestre, constituyéndose por aquellos tiempos en el medio más moderno de intercomunicación de pueblos y antecesor del teléfono. Fue la herramienta fundamental en los correos del mundo así como en las naves que surcaban mares y ríos.

Su función en la empresa

Los postes que a lo largo de las vías sostenían el tendido de cables conductores que aún vemos, pero hoy hechos jirones, iban a la par del recorrido del tren a manera de compañero fiel y silencioso, no faltando junto a ellos en distintos tramos, el tradicional nido de hornero que en ocasiones originaba el corte de la transmisión.

En la antigua y demolida estación francesa de Santa Fe, los telegrafistas alrededor de los años 1915 a 1920 llegaban a sus puestos de trabajo de guantes, y sombrero de copa, señal de distinción en este oficio, según el testimonio de Alberto Olay, ex telegrafista iniciado en el FC Santa Fe. En este ferrocarril así como en otros del país, se otorgaba la vía libre a los trenes a través de las conexiones telegráficas entre estaciones antes del advenimiento del aparato canjeador de vía libre.>

Las órdenes inmediatas de servicio, ya sea comunicando cambio de horario de trenes o tarifas, se daban por este medio. Además, cumplía la función social de retransmitir para el correo, telegramas públicos que provenían de apartados y lejanos pueblos, allí donde ni siquiera había una estafeta postal. Era común entonces recibir a través de una pequeña y recóndita estación ferroviaria telegramas de cumpleaños, fallecimientos, los buenos augurios para las festividades de fin de año o la buena nueva de un nacimiento. La Central de Telégrafo más importante de nuestra zona fue la ubicada en el edificio de la estación del FC Belgrano en Bv. Gálvez que se comunicaba con toda la red de este ferrocarril. Por muchos años, los datos de lluvia eran transmitidos telegráficamente por todas las estaciones a la Central de Santa Fe para ser derivados al Servicio Meteorológico Nacional.

Consagrados profesionales

Así eran las transmisiones telegráficas por ferrocarril, manejadas por verdaderos expertos que hacían sonar el bronce (como vulgarmente se le llamaba al aparato transmisor por ser hecho de este metal). Sus finos oídos transmitían y recibían el mensaje descifrando en el papel aquel golpeteo constante que enviaba rayas y puntos.

Uno de los más destacados en esta profesión fue Juan Gaitán, telegrafista del ex FC Santa Fe, al tener la facultad absoluta de transmitir y recibir telegramas simultáneamente con ambas manos. Don Ernesto Poggio, de dilatada trayectoria ferroviaria, nos dice que en una oportunidad Gaitán fue invitado a viajar a Alemania para hacer una demostración en aquel país en donde los científicos pudieron comprobar la capacidad excepcional de este hombre. Se comentaba allá por 1939 entre sus colegas el interés de estos investigadores por desentrañar y estudiar su cerebro después de muerto.

Los profesionales telegrafistas en general prestigiaron el ferrocarril y, con la inserción de las teletipos, se las ingeniaban para atender este aparato en sincronía con el viejo telégrafo.

En ocasiones, les atacaba el "calambre profesional" como se lo conocía en el léxico del oficio por sufrir una rigidez en el pulso, debido a la constante e ininterrumpida práctica diaria que también afectaba el sistema nervioso. Por esta patología el decreto 2371/73 estableció el retiro de estos operarios a los 55 años de edad y 30 de servicio.

El bronce sonador sacudió los hilos telegráficos de esa comunicación primigenia por más de ciento cincuenta años, único medio que unió los pueblos por entonces. Los mensajes que corrían por los cables a la vera de las vías acompañaron al tren por los llanos, montes y cumbres nevadas hasta su destino final.

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En los estudios de nuestra radio universitaria, en el marco del micro radial “Historias de Pueblos Olvidados”, con invitados espaciales (ver galería de imágenes) hemos tratado este tema por demás interesante que, como dice la nota que antecede este comentario, ha recorrido toda la esfera terrestre, intercomunicando pueblos siendo, además, antecesor del teléfono.

Los señores Salmo Mendoza (cacho) y Felipe Velásquez, ambos de la ciudad de Santa Fe, dieron una cátedra gratuita de sistema Morse en nuestro programa radial, sistema de comunicación que aún, y a pesar de haber desaparecido de las comunicaciones en el presente, sigo siendo tan interesante como misterioso.

Mendoza, aprendiz del sistema de comunicación Morse en la estación ferroviaria del pequeño paraje Iriondo, posibilitó su ingreso al correo central de Santa Fe. Don Felipe, por su parte, fue quien dirigió oficinas claves de comunicación en este mismo Correo central, en el cual, se retiró de su vida laboral.

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GALERIA DE IMAGENES

Las fotos fueron obtenidas en el estudio mayor de LT10, Radio Universidad Nacional del Litoral, de la ciudad de Santa Fe, Argentina. Tema: Antiguo sistema de comunicación denominado "Morse", que en el marco del micro radial "Historias de Pueblos Olvidados", Salmo Mendoza (cacho) y Felipe Velázquez, brindaron una catedra gratuita sobre este interesante y misterioso sistema de comunicación.-









Al final del programa, mientras al aire se entonaban las estrofas del Himno Nacional Argentino, a cargo del coro de niños "COM CAIA" de la comunidad aborigen Mocoví, la despedida de los invitados que gentilmente acudieron a nuestra invitación.-
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Agradecimiento a Maria, oyente del centro, que nos envió la nota del presente post, editada en el vespertino local “El Litoral” de 12/05/06.- La nota está firmada por: Andrés Alejandro Andreis, del Museo Ferroviario Regional Santa Fe.

martes, 25 de mayo de 2010

PASEO DE LAS DOS CULTURAS

CARTA ABIERTA AL HONORABLE CONCEJO MUNICIPAL DE SANTA FE

Hace un poco más de un año, en el marco del micro programa “Historias de Pueblos Olvidados” (todos los viernes a partir de la medianoche por LT10), decidimos recorrer el casco histórico de Santa Fe ubicado en el barrio sur de la ciudad. En este emblemático lugar, hacia 1997, se emplazó lo que se conoce como “Paseo de las Dos Culturas”, nombre éste en referencia a las dos culturas que dieron origen al continente americano: PRE hispana y colonial.


En la recorrida efectuada por este bellísimo lugar, nos percatamos que una de las culturas, la PRE colombina, no estaba claramente representada en el mismo nivel que la cultura española de la conquista. Esta razón nos llevó a conformar una comisión representativa de vecinos libres, instituciones y dirigentes aborígenes, a los efectos de peticionar en ese sentido ante el Honorable Concejo Municipal. Así se constituyó la “Comisión Pro Monumento a la Cultura Aborigen”.


El encuentro con los ediles santafesinos se efectuó en el mes de abril de 2009, exactamente en la semana conmemorativa al aborigen”, donde pudimos exponer ante todo el cuerpo deliberativo de la ciudad, nuestro proyecto de restauración de la representación de la cultura PRE hispana.


Pero el oportunismo de alguna gente no se hizo esperar. Otro proyecto, en este caso proponiendo el cambio de nombre por “tres culturas”, cambió la marcha deliberativa que, al final, terminó imponiéndose. Por Ordenanza Nº 11649, sancionada el 3 de diciembre de 2009, el histórico lugar pasó de la denominación “Paseo de las Dos Culturas” a “Paseo de las Tres Culturas”.


Para tener en cuenta


Desde nuestra óptica, entendemos se ha incurrido en dos grandes errores: el primero es haber cambiado la idea original por el cual se construyó el paseo, y segundo entendemos, es lo peor, no se ha tenido en cuenta la historia. (Preferimos pensar en un aplazamiento en historia de los concejales a que decidieran cambiar los hechos históricos para posibilitar esa denominación).


El “Paseo de las Dos Culturas” había nacido con la intención de representar el encuentro de las dos culturas resultante de la llegada de los europeos al continente americano: la cultura PRE colombina y la europea de la conquista.


“Paseo de las Tres Culturas” significa, fundamentalmente, una distorsión de la historia.

La Comisión de Cultura del Honorable Concejo Municipal anterior, resolvió agregar a las dos culturas ya mencionadas la cultura africana por entender que son estas tres las culturas originales fundadoras de la Nacionalidad Argentina.


Incorrecto.


Al momento de la llegada de los conquistadores al continente, solo existían las diversas comunidades y naciones aborígenes que, junto a los “visitantes”, van a componer una fusión bicultural. No hubo una tercera cultura. Los africanos fueron introducidos al continente varios años después a través del tráfico de esclavos.


Además, la nacionalidad Argentina no se funda en el tiempo de la conquista ni de la colonia sino en el proceso de formación del Estado durante el siglo XIX.


Las tres culturas en cuestión llegan a estas instancias, por distintas circunstancias, muy diezmadas, por lo que el aporte hacia la nacionalidad Argentina fue escasamente significativo.


Por tal motivo es imprescindible aclarar qué es lo que se quiere representar para no incurrir en el error de extraviar el sentido de nuestra historia como Nación.


Nuestra propuesta


Nuestro proyecto propone reafirmar la idea original de “Paseo de las Dos Culturas”, sin dejar de contemplar la idea de “…Tres Culturas” pero en el marco de la representación de los Tres Períodos culturales que sí dieron origen a la Nación Argentina: PRE colombino, colonial y moderno. Y dentro de este marco, la posibilidad de inclusión de todas las culturas existentes que han aportado y aportan cada uno lo suyo desde los tiempos, y no encuadrarlo en una figura irreal y exclusiva.


Nota: La presente nota fue enviada al concejo municipal y a todos los medios orales y gráficos mas importantes de la ciudad.

En representación de la "Comisión pro Monumento a la Cultura Aborigen", firmamos la nota: Maria José Bournissent, Docente de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Social (UNL), e integrante de la Asoc.Abog. De Derecho Indígena; Néstor Alessio por micro radial: "Historias de Pueblos Olvidados" LT10 Radio Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe.-

jueves, 20 de mayo de 2010

BICENTENARIO DE LA REVOLUCION DE MAYO


El bicentenario amerita una mirada crítica cuyo horizonte debe ser ineludiblemente ese espejo revolucionario que nos legaron sus fundadores.


Las repetidas y habituales conmemoraciones de eventos históricos suelen atenuar o diluir las aristas más significativas de los acontecimientos que se memoran. El bicentenario de la conmemoración del 25 de mayo no debería disimular su característica más obvia: se está celebrando una revolución. Y este no es un detalle menor.


¿Qué significa que se celebra una revolución?

En el caso de nuestro país, los sucesos de mayo de 1810 se inscriben en el curso de la tradición revolucionaria que involucra un doble movimiento: por un lado, la ruptura con la metrópoli; por el otro, el ingreso a la modernidad. En este último punto nos queremos detener porque por lo general es lo que se obvia deliberadamente con el objeto de diluir los efectos más disruptivos del proceso revolucionario.


¿Por qué el ingreso a la modernidad es visualizado como revolucionario?

Porque la revolución de mayo, en sintonía con la revolución francesa, implica el pasaje de un orden dado a un orden producido por lo hombres, en quienes reside la responsabilidad del destino colectivo de la sociedad.


En ese marco revolucionario, la construcción de un orden político independiente debía fundar su legitimidad en el consentimiento de aquellos sobre los que habría de ejercer la autoridad. Esa es la configuración moderna de la soberanía popular: una sociedad pensada como una vasta asociación de individuos que, unidos voluntariamente, constituyen la nación o pueblo, y es ese pueblo así constituido el depositario de la soberanía. De esta manera la soberanía se sostiene sobre un principio de autonomía que desemboca lógicamente en la cuestión del derecho al voto.


La pregunta sobre la legitimación de la dominación política constituirá una de las preocupaciones de la elite dirigente durante el centenario de la revolución. Ese interrogante abrirá las puertas a la reforma electoral de 1912 estableciendo las bases del poder político sobre una nueva validación: la democracia electoral.


La preocupación de la legitimidad política estaba también asociada con otras cuestiones que también preocupaban a la elite dirigente: la cuestión nacional y la cuestión social. En ambas cuestiones el papel asignado a la educación pública se reveló fundamental para superar esas asignaturas pendientes. La Escuela uniformizó culturalmente a los hijos de inmigrantes y brindó posibilidades ciertas de ascenso social. La existencia de una sociedad relativamente móvil posibilitó la integración mediante una incipiente ciudadanía social que se fortalecerá notoriamente en las últimas décadas de la primera mitad del siglo XX.


A doscientos años de la revolución de mayo… ¿qué interrogantes sobre la sociedad actual debería jerarquizar una mirada atenta sobre la revolución?

Naturalmente que una pregunta sobre los dispositivos de legitimidad que justifican el poder político también se revela fundamental.

Ahora bien, esa pregunta deberá trascender la preocupación centenaria por la democracia electoral. La pregunta de 1910 debe necesariamente reeditarse con contenidos que la actualicen dando cuenta de las luces y sombras en las que se debate la Argentina actual.


A 27 años de institucionalidad de democracia electoral, esa pregunta por la legitimidad esgrimida por la elite dirigente hace 100 años trasciende a la garantía por el derecho al sufragio. Es necesaria una indagación cualitativa sobre al menos dos fundamentos de aquella tradición revolucionaria inaugurada hace 200 años.

En primer lugar, la tradición republicana sobre la que se legitima el ejercicio de la autoridad política; y en segundo lugar, las condiciones sociales en la que se construye la ciudadanía en la Argentina.


En cuanto al primer punto, la tradición republicana no sólo estuvo es jaque a partir de las recurrentes intervenciones militares durante gran parte del siglo XX, sino también como producto de tradiciones políticas escasamente comprometidas con la formalidad procedimental que la república requiere. De esta manera los dos partidos mayoritarios en nuestro país, plantearon como antinómicos dos principios de legitimidad complementarios. La democracia “formal”, fundada en la tradición liberal, que situaba el consenso como producto de la deliberación en ámbito parlamentario. Y la democracia “real”, ensalzada por el populismo, que minimizaba al parlamento como espacio generador de consenso en nombre de una voluntad plebiscitaria (expresa a través de las urnas) que confería legitimidad legislativa a las iniciativas del poder ejecutivo.


Estos contrastes todavía persisten y empañan el ejercicio de la autoridad política.

La necesidad de revertir esta dicotomía se revela fundamental para garantizar un desempeño previsible que permita superar los riesgos de ingobernabilidad a la que recurrente y cíclicamente el país parece encaminarse.


La segunda cuestión es aún más problemática. La ciudadanía emerge en la Argentina bajo condiciones sociales en la que la pobreza se ha transformado en un dato estructural. En este sentido, una paradoja recorre a la democracia actual en nuestro país. La democracia electoral (esto es, la sustitución pacífica de un gobierno por otro) parece haberse consolidado sobre la base de una mayor exclusión social, en oposición a las etapas anteriores en las que la inexistencia de acuerdos sobre las reglas a observar en cuanto a la alternancia en el ejercicio del poder, era acompañado por una mayor integración social o la existencia de un tejido social menos fisurado.


La pregunta es inevitable y sombría. ¿Es posible la virtuosidad pública en el contexto de extrema pobreza (o de injusticia social) en la que se debaten miles de compatriotas?

Para ellos, los marginados, los que sólo sobreviven, los aniquilados por la injusticia social, las elecciones se transformaron en un puente de llegada a los candidatos solamente para obtener algunas prebendas a cambio de su voto.

Esto genera inocultables prejuicios sobre la supuesta inoperancia de la democracia formal e inequívocas inclinaciones ante eventuales opciones autoritarias.

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El proceso iniciado hace 200 años El bicentenario amerita una mirada crítica cuyo horizonte debe ser ineludiblemente ese espejo revolucionario que nos legaron sus fundadores. Ese espejo, en el que se reflejan los sueños que animaron a aquellos que pretendían cimentar en el desierto una nueva nación, constituyen los fundamentos de la revolución. Ese es, necesariamente, el punto de partida para interpelar la realidad en la que nos debatimos y percatarnos de su carácter inconcluso. Corresponde a nosotros y a las futuras generaciones avanzar en ese proceso iniciado hace exactamente hoy doscientos años.-

domingo, 9 de mayo de 2010

SAN JUSTO.-

San Justo es una ciudad de aproximadamente 30.000 habitantes, también conocida cono “El Portón del Norte”. Está situada geográficamente a 100 kilómetros dirección Norte de la ciudad de Santa Fe, y se puede arribar a través de la RN Nº 11.


Cuenta la historia que Don Mariano Cabal, gobernador de la provincia de Santa Fe, en el período 1868/1871, fundó la Colonia San Justo el 6 de mayo de 1868, nombre impuesto en homenaje a su hijo mayor: Justo Cabal.

Las familias de inmigrantes de nacionalidad italiana, españoles, franceses, suizos y argentinos, que fueron los primeros agricultores en arribar al lugar, muy pronto tuvieron que desalojar la colonia por variadas razones: sequía, malas administraciones y la constante embestida de los naturales que no cejaban en la lucha por lo que entendían legítimamente les pertenecía: la tierra.


En 1882, Simón de Iriondo, gobernador en los períodos 1871/74 y 1878/82, con otro contingente de inmigrantes, dispone el repoblamiento de la colonia abandonada tres años antes.


A partir de 1889, San Justo queda integrado a la red provincial ferroviaria al habilitarse su estación en el kilómetro 98,5 de la línea Santa Fe – Resistencia (provincia del Chaco) perteneciente al antiguo ferrocarril Santa Fe, luego ferrocarril Central Norte y hasta su desaparición total, denominado Gral. Manuel Belgrano.

La otra línea ferroviaria que atravesaba el departamento San Justo, era la que unía las ciudades de Santa Fe con La Quiaca (provincia de Jujuy), previo paso por San Cristóbal y Tostado.


EL “CARAMELERO” PÉREZ


Y como todo pueblo, aldea, barrio o ciudad pequeña, como nos ocupa la presente historia, siempre existe un personaje cuya figura resalta el paisaje diario de una comunidad. En San Justo esa figura es Don Alejandro Pérez, “el caramelero”, como se lo conoce popularmente.


Don Alejandro Pérez tiene 84 años y todos los días monta su bicicleta y pedaleando lento pero sin pausa, recorre las calles de su ciudad. Una de sus paradas principales, quizá su preferida, es la entrada a la Escuela de Educación Técnica Nº 277, Fray Francisco Castañeda, donde endulzó los días de varias generaciones.


Don Alejandro nació en la lejana “Castilla La Vieja” (España), y apenas tenía un año de vida cuando sus padres decidieron emigrar hacia Sudamérica. El destino elegido fue Paraguay. Cuenta Don Alejandro que, por razones de salud de su madre y por prescripción médica, viajaron a la Argentina. Los primeros años vivieron en Cabal, localidad muy cercana a San Justo, pero es en esta última donde se radicarán definitivamente.


Don Pérez –padre- era hachero, lo que se dice: trabajador de “monte adentro”. Desde muy pequeño Alejandro lo acompañaba en la dura tarea del manejo del hacha, y dicen parecía decidido a continuar los pasos laborales de su progenitor. Pero un inesperado infortunio hizo cambiar el rumbo de su vida para entrar en el oficio que sin dudas lo ha inmortalizado en vida en el recuerdo de varias generaciones de sanjustinos..


“Armé un cajón de madera y con una soga me lo colgué al cuello y salí a vender caramelos” cuenta orgullosamente Don Alejandro apoyado en su triciclo. “Fue en el año 1940, yo tenía 14 años y San Justo era muy chico y la mayoría de las calles eran de tierra”, recuerda el “Ángel del caramelo” como también lo llaman en su ciudad.


“Don Alejandro estaba en todos lados: en la plaza, en la esquina de la tienda “La Flor del Día” o a la salida de la misa siempre lo encontrábamos”, rememora Sandra Michea, directora de la Escuela de Educación Técnica, ex clienta de don Pérez.

“…además él es una persona sabia aunque no conozcamos cual es su nivel de escolaridad; es sabio por la experiencia de vida (…) y sigue el camino del buen consejo con la misma frescura e inocencia con que lo hacía con nuestras generaciones”.

“Por eso, esté en la vereda de la escuela o en cualquier otro lado, sabemos que es una mirada atenta para prevenir cualquier cosa que pueda dañar a nuestros chicos; don Alejandro Reúne en si muchos valores de esos que queremos destacar y rescatar para seguir trasmitiendo culturalmente”, precisó la señora directora.


En el mes de junio próximo, Don Pérez cumplirá 70 años vendiendo golosinas por las calles sanjustinas. A diferencia de los años inaugurales de su profesión, cuando salía con su pequeño cajoncito colgado al cuello, hoy el recorrido lo hace en un triciclo especialmente modificado y que perteneciera a un antiguo reparto del célebre hotel España.


Por allí anda don Alejandro… pedaleando lento pero sin pausa, su figura es inconfundible aunque a veces se pierda entre los chicos ávidos de golosinas salidos de cualquier parte. Su pintoresco atuendo de caramelero lo hace único: gorra blanca y chaqueta azul como el guardapolvo de los estudiantes de la técnica.


Y como dice Juan Daniel Rodríguez Primo, desde Italia,: A Pérez el cuento de la globalización le entró por un oído y le salió por el otro: “son toda macanas”, dice. A Pérez, como a todo mortal, también le llegó la vejez y desde hace un tiempo está viviendo “la edad de la razón”, como decían los griegos pero el viejo Pérez no se hace demasiados problemas porque sabe bien que siempre sobrevivirá el definitivo triunfo del espíritu.



GALERIA DE IMAGENES




Tres vistas frente del edificio Escuela de Educación Técnica Nº 277, Fray Francisco Castañeda, de la ciudad de San Justo.-


Don Alejandro, el caramelero Pérez, con su atuendo muy partcicular: gorra blanca con visera azúl y chaqueta del mismo color que el guardapolvo de los chicos de la escuela.


Muy buen surtido de golosinas



El cariño de los chicos, apenas iniciado el primer recreo


Foto en la cual se observa a don Alejandro posando junto a un amigo en una de sus paradas de otros tiempos. Gentileza de Juan Daniel Rodriguez Primo desde Lucca, Italia.-


También don Pérez fue músico. En la foto con su conjunto el cual le permitió visitar muchas pistas de baile en San Justo y localidades vecinas.



Dos vistas frente edificio ex estación ferroviaria

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Agradecimientos. A la Sra. Sandra Michea, Directora de la Escuela de Educación Técnica Nº 277, Fray Francisco Castañeda.También mi agradecimiento al personal docente y de la cocina de la Escuela.


Por una cuestión de “fe de erratas” en el post original, me vi en la obligación de editar nuevamente la nota, por tal motivo los dos comentarios que se habían publicado: Tia Elsa (Bs. As.) y David Carrascosa (Madrid) los agrego al pie de la presente. Muchas gracias.-


tia elsa dijo...


Como siempre tus historias llenas de relatos de vida, de gente sencilla que hizo el país, que volcó valores y afectos, Que lindo que los chicos quieran hasta el día de hoy a este caramelero lleno de dulzura. Besos tía Elsa.


8 de mayo de 2010 13:58

David Carrascosa dijo...


Me encanta ver las fotos que pones para ilustrar las entradas. De alguna manera, transmite la placidez de la vida de allá `por donde paras.

Un fuerte abrazo. Néstor!!

9 de mayo de 2010 02:19

domingo, 25 de abril de 2010

CENTENARIO ESCUELA 6021 (Vera y Pintado)

Maria Luisa Bellini oriunda de la localidad de Vera y Pintado, docente de la escuela Nº 6021 de esta localidad, con motivo de los preparativos del centenario de la referida institución educativa, nos hizo llegar la presenta nota en la cual nos cuenta la historia cronológica de la escuela y su evolución.

“CAMINO AL CENTENARIO”

La Escuela Nº 6.051, “María Esther Rodríguez de Elguezábal” de la localidad de Vera y Pintado, surge como Escuela Nacional Nº 51 “El Quebracho”, que por razones desconocidas se funda en la estación Fives Lille, el 29 de Julio de Año 1.910. Se desconoce quienes fueron sus gestores.

Su primer Director, el Sr. Juan Ruiz Díaz comenzó a dictar clases en el local cedido por el comisario Jorge Colliuns, que facilitó un salón perteneciente a la comisaría y que había sido un saladero, propiedad de la Compañía de productos Kenmerich.

En 1.913 la directora Sra. María Clotilde Gervasoni, solicita ante esta compañía un lugar más apropiado y se obtiene una construcción destinada a la vivienda de obreros, ocupándose una habitación para dos aulas y posteriormente se autorizan dos habitaciones más.

En 1.922 se hace cargo de la aún flamante escuela, la Sra. María E. R . de Elguezábal quien no escatimó esfuerzos ni gestiones para lograr la cesión gratuita de todo el edificio que para ese entonces había pasado a propiedad de La Criolla Sociedad Anónima Rural e Industrial.

En 1.938 la Compañía La Criolla, había loteado el pueblo y puesto en venta siete manzanas, para lo cual la Sra. María E. R. de Elguezábal, tenaz en su lucha por mejorar la educación del pueblo, obtiene la donación del terreno en el que estaban funcionando con todo lo clavado y plantado a favor del honorable Consejo Nacional de Educación.

En el año 1.943 continuaba al frente de los destinos de la institución y con una voluntad inquebrantable e inquieta en sus utopías, obtiene la donación de un lote contiguo.

En el mismo, en el año 1.951, precisamente el 21 de Abril se inaugura el actual edificio escolar construido por el gobierno de la Nación a través del programa quinquenal del presidente Perón. Para este hecho la Sra. Elguezábal, ya no fue testigo directa porque cuatro años antes se había acogido a los beneficios de la jubilación.

En el año 1.970 se transformó en Escuela Experimental de Extensión Agropecuaria, mediante el sistema de Jornada Completa, abriendo nuevos horizontes educativos para los niños del lugar.

Como justo homenaje, a quién desplegó tan tesonera labor durante muchos años a favor de los niños y la comunidad de Vera y Pintado, se impone el nombre de María Esther Rodríguez de Elguezábal en el año 1.996.

Hoy recorriendo el Año del Bicentenario de la Revolución de Mayo y con un escenario apropiado de festejos y conmemoraciones celebraremos nuestro Centenario el 08 de Agosto de 2.010.

En esta celebración quienes hoy formamos parte de los destinos institucionales, nos proyectamos un horizonte en el cada niño de esta pequeña localidad, pueda desarrollar su escolaridad con sus derechos plenamente garantizados.

martes, 20 de abril de 2010

SEMANA DEL ABORIGEN LATINOAMERICANO

En la semana del Aborigen Latinoamericano, nuestro homenaje al pueblo Mocoví de Colonia Dolores, provincia de Santa Fe.

C
olonia Dolores se sitúa al nordeste del Departamento San Justo a 160 Km. de la ciudad de Santa Fe. Se arriba a la misma a través de la RN11 recorriendo en dirección Norte la distancia mencionada hasta llegar al empalme con la RP39 y desde aquí 8 Km. dirección este. También se puede acceder por medio de la RP1 hasta llegar a la ciudad de San Javier y de ésta 40 km. hacia el oeste.

A partir de la creación de su comuna en 1994, (antes pertenecía al distrito San Martín Norte) Colonia Dolores se ha convertido en el primer Municipio Indígena Mocoví de la Provincia de Santa Fe. Tiene 610 habitantes (censo 2001) y de ellos el 95%, directa o indirectamente, pertenece a la comunidad mocoví.

Los mocovíes, al igual que los abipones y tobas, ramas indígenas pertenecientes a la gran familia denominada guaycurú, eran tribus nómadas cazadores - recolectores que habitaban la vasta región del Gran Chaco argentino. A principios de siglo XVIII, apremiados por el ejército conquistador, al mando del bravo cacique Notinirí, los mocovíes se introdujeron en las fronteras santafesinas donde los abipones ya habían instalado sus aduares.

En estas nuevas zonas que no eran sus terrenos originarios, limitó significativamente su libre movilidad y se vieron obligados a luchar para obtener lugares donde ubicar sus tolderías y recomenzar sus vidas que serán una constante lucha no solo contra el blanco sino también con otras tribus (charruas y calchaquíes) a los cuales desalojaron moviéndolos hacia el sur.

Hacia mediados del siglo XIX, la Argentina consolidaba su integración al mercado mundial como productor de bienes primarios. La necesidad de disponer de un mercado de trabajo que laborara la tierra se revelaba fundamental. La Constitución Nacional de 1853 estimulará el aporte inmigratorio ofreciendo garantías a “todos los hombres del mundo que quisieran habitar el suelo argentino”.

En la provincia de Santa Fe, las iniciativas colonizadoras se ponían en marcha y las garantías constitucionales se trasladaban al terreno militar.

Los enfrentamientos entre los indígenas y el ejército fueron cruentos. Unos que veían invadidos sus desde siempre sitios donde cazaban y vivían, y los otros que querían expandir sus zonas de influencia y conquista.

El historial de avances de fronteras de la provincia de Santa Fe es el testimonio más contundente de estos enfrentamientos y posterior desenlace.

A principios del siglo XIX, la frontera Norte de la provincia estaba apenas unas leguas del perímetro de la ciudad capital. Hacia 1864, Nicasio Oroño produce un corrimiento de esta frontera partiendo desde Sunchales, en el oeste, -en línea recta- hasta el fortín Cayastacito, y desde aquí hacia el nordeste hasta la antigua reducción San Javier.

En el año 1869, el Gobernador Cabal estableció una nueva línea de frontera al Norte desde Morteros, pasando por el Fortín Soledad, y en una línea quebrada hasta llegar a la margen este del Río Salado próximo a lo que hoy es la Laguna La Blanca en el distrito La Criolla, y desde este punto pasando por San Martín Norte, hasta un poco mas allá de la ciudad de San Javier.
En 1871, durante la gobernación de Simón de Iriondo, la frontera al Norte de la provincia se fija desde Tostado bordeando el Río Salado hasta el pueblo Alejandra. Y no tardará mucho tiempo en llegar hasta el paralelo 28.

Eran tiempos en que la libertad tenía precio para el indio: la muerte.

Los mocovíes también fueron grandes guerreros. Entre otros, los caciques Ariacaiquín primero y Mariano Salteño después, verdaderos estrategas militares, tuvieron en jaque al ejército por mucho tiempo.
Cuenta Cesar Coria, de la comunidad mocoví de Colonia Dolores, que el cacique Mariano tenía como táctica militar la sorpresa: aparecía, golpeaba y desaparecía nuevamente, movimiento hoy reconocido como “guerra de guerrillas”, práctica usada también por Martín Miguel de Guemes y sus gauchos en las luchas por la independencia.

Pero la supremacía del ejército fue más fuerte que la resistencia y la astucia de los originarios. Ariacaiquín lo entendió en 1741, aunque sublevado más tarde encontró su muerte. El bravo Mariano, 100 años después, demostró no solo su habilidad en el plano militar sino también ser un estadista. Al ver reducidas sus posibilidades de triunfo no dudó en negociar la vida de sus seguidores y de su pueblo. La reducción significó la rendición pero al mismo tiempo la salvación de su raza con vistas al futuro.

En este contexto, entre 1867 y 1870, los padres franciscanos Gerónimo Marchetti y Bernardo Arana, con el cacique Mariano Salteño y unas 60 familias, fundaron la misión de Nuestra Señora de los Dolores en terrenos denominados Cantón San Martín otrora Fortín Cayastá Viejo.

Inundaciones posteriores obligaron al gobierno trasladar el pueblo 4 Km. hacia el Norte denominándose en adelante San Martín Norte.
En el año 1887 –según informe del Departamento topográfico- el gobierno decide trazar nuevamente la reducción de Dolores, disponiendo la mensura y delineación del Pueblo Dolores. Así es como en 1890 son trasladados al nuevo lugar las escasas familias indígenas que aún quedaban en la antigua colonia.
Así nació lo que hoy se conoce como Colonia Dolores.


GALERIA DE IMÁGENES

Año nuevo mocoví. 30/08/2008


Encuentro en la ciudad de San Justo: conmemoración "ultimo día de libertad en américa" octubre 2008. En la foto, sentado Don Alfredo Salteño y Sra. integrantes del Concejo de Ancianos de la comunidad Mocoví de Colonia Dolores.



Encendido del fuego y saludo a los 4 vientos. Rito ancentral Mocoví


Frente edificio comuna de Colonia Dolores, primer municipio indígena mocovi de la provincia de Santa Fe.

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Fotos correspondientes al 30/08/2008 y abril de 2009 en el "Encuentro de Mujeres aborigenes de la República Argentina" realizado en Colonia Dolores.

jueves, 15 de abril de 2010

ESTANCIA CASTRO (Campo Castro)

No se ha encontrado documentación sobre la historia fundacional de este lugar, pues lo único que podemos decir es que Campo Castro es una zona rural perteneciente al distrito Las Bandurrias en el departamento San Martín. Dista 170 kilómetros hacia el sur de la ciudad de Santa Fe y 15 kilómetros de camino de tierra –rumbo oeste- desde pueblo Las Bandurrias (RN 34) cabecera de distrito.


Bettina Castro nos contactó para acercarnos documentación fotográfica (ver fotos al pie de la nota) acerca de la fundación de este lugar. Bettina es bis nieta de Don Nicomedes Castro, emigrado de la vieja Navarra (España) y llegado a la Argentina a fines del siglo XIX. Don Nicomedes era propietario de la Estancia que llevaba su apellido (Castro) que años mas tarde se convertirá en la referencia más importante denominándose el lugar: Campo Castro.

Campo Castro está ubicado en una zona denominada “pampa húmeda” donde la actividad agrícola-ganadera es una producción por excelencia y muy fuerte, además, y más allá de la crisis de los últimos años, es una de las cuencas lechera más importante del país.


En este mismo blog con fecha 14 de diciembre de 2009, encontrarán mas detalles de Campo Castro registrado en nuestra visita a la velada de la escuela.



GALERIA DE FOTOS



Frente de la edificación historico y original de la "Estancia Castro" de Don Nicomedes Castro



Dos paginas del un libro donde se registraban los hechos mas importantes en el lugar



Dos fotos del papá de Bettina. Arriba:con sus amigos. Abajo: el casamiento.


Foto que registra el casamiento de los abuelos de Bettina: Delfina y Simeón.

Foto de encabecimiento: Bettina y su nieto Santiago.