Un mar de fueguitos...

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

Eduardo Galeano
( El mundo , de "El libro de los abrazos")

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jueves, 10 de marzo de 2011

FRANCISCO PAZ Y OROÑO, DOS PUEBLOS VACIOS

Los pueblos Francisco Paz y Oroño tienen una historia análoga en cuanto al olvido, lo que hace que de a poco vayan desapareciendo. Francisco Paz, con sus 8 habitantes, en el sur de la provincia, y Oroño, en el centro santafesino, con un solo habitante y octogenario, yace bajo la maleza que crece indiscriminadamente a falta de la presencia humana.

En este primer posteado de esta historia, les presentamos a Francisco Paz.

Francisco Paz, un pueblo santafesino de una sola esquina

Allí, a unos nueve kilómetros al oeste de Santa Teresa, alguna vez supieron ser más de un centenar, pero hoy -y desde hace más de una década- son sólo ocho los pobladores que resisten con estoicismo el abandono del terruño que los vio nacer y crecer.

Sin la ayuda de algún cartel indicador que guíe al visitante, es necesario andar un rato por polvorientos pero bien cuidados caminos rurales para llegar a este pequeño paraje que, definitivamente, parece haber perdido una desigual pelea contra el paso del tiempo.

Francisco Paz tiene trescientos metros de largo y una sola esquina. A lo largo de la calle, un tupido monte de eucaliptos, acacias y moras salvajes amenazan con tapar todo lo que queda de lo que alguna vez fue un proyecto de pueblo rural. Enfrente, un puñado de derruidas construcciones -algunas abandonadas- devuelven un paisaje detenido hace décadas.

En la única esquina del paraje, un oxidado surtidor a palanca hace las veces de incólume testigo de casi un siglo de historia, de épocas cuando el campo era una epopeya de trabajo, y los sueños de los primeros inmigrantes se hacían realidad de la mano del sacrificio sin cuartel.


Rastro de un rico pasado

"Aprobado por la Dirección General de Combustibles", reza aún, ostentosa, una chapa adherida al surtidor marca Siam Di Tella, acaso la única muestra de un rico pasado que, paradójicamente, quedó trunco por efecto de un progreso que, parado en la única esquina, el cronista no alcanza a discernir.

Con la amabilidad propia de la gente de campo, y con todo el tiempo del mundo, Rubén Agud se convierte en improvisado guía y contador de historias de Francisco Paz, el pueblo que se podría decir fundaron sus abuelos; donde nacieron sus padres, él, su hermano y hasta su sobrino.

"Mis abuelos, Rafael y Andresa, vinieron de España y se instalaron aquí en 1923. Mi abuela sabía contar cuando llegaron que aquí atrás sólo había una familia de indígenas, que después la trasladaron al norte", relata este hombre de 42 años, que tiene un parecido a Marcos Mundstock que realmente impresiona.

Los Agud son seis, y junto a los hermanos Marsol los únicos habitantes del paraje. "En la esquina, mi abuelo y después mi padre tuvieron un almacén de ramos generales, carnicería, panadería y hasta peluquería. Aquí al lado funcionaba una oficina de correos, y en aquella ventana verde está la habitación donde nació mi papá", describe Rubén.

"Yo era chico, pero me acuerdo cuando aquí adelante estaba lleno de sulkys de la gente que venía a hacer las compras, y los días de lluvia, cuando en el campo no se podía trabajar, era todo una fiesta", recuerda.

Sentado sobre una vieja tabla de quebracho que alguna vez supo estar ubicada en la vereda del almacén, con la mirada enfilada hacia la única esquina, reconoce las causas de aquel trunco destino: "Esto se fue cayendo cuando durante el gobierno del general Onganía se expulsó a los productores de las chacras. Entonces ya no quedó más gente en el campo".

En sus tiempos florecientes, el almacén de los Agud -ahora cerrado y casi en ruinas- recibía el vino en bordalezas, la harina en bolsas y toda la mercadería llegaba por ferrocarril.

"Aquí enfrente está la estación", sorprende Rubén señalando hacia el monte, ante la incredulidad del cronista que se resiste a pensar que en medio de ese bosque abigarrado y casi impenetrable haya alguna construcción.

"Si encontramos un lugar por dónde llegar podemos verla", invita sonriente el anfitrión, y sin esperar respuesta se interna en el bosque, que de tan tupido no deja pasar la luz del sol. Y así es, nomás. A pocos metros, y semioculto por la vegetación, el viejo edificio ahora sin techo aparece como surgiendo de un cuento ambientado en Macondo. "En esta habitación vivía el encargado, y allí estaba el policía del pueblo", ilustra Rubén. Vanos se hacen los esfuerzos para tratar de llegar hasta las viejas vías o a la estructura principal de la estación, ahora inaccesibles.

"Una de las últimas actividades que recuerdo en este ramal fue durante la Guerra de Malvinas. Por aquí pasaban vagones cargados de armas y cañones para el sur, porque esta línea comienza en Río Tercero y creo que llega hasta el sur. Vi pasar los trenes, pero nunca volvieron", dice mientras se estremece.

Por la misma calle, un poco más allá de los Agud, viven los hermanos Marsol. Armando, de 74 años, y su hermana son los otros dos habitantes del paraje. El cronista se entera que el hombre supo ser mecánico y que antes trabajó en las máquinas cosechadoras, pero casi una decena de perros que rodean al auto cuando paramos frente a la casa pronto nos hace desistir de la intención de entrevistarlos.

El viento continúa formando remolinos de tierra en la única esquina de Francisco Paz. Una camioneta 4x4 pasa a toda marcha y la nube de polvo cubre todo el lugar. La perrada que estaba en lo de Marsol la corre por detrás a puro ladrido. Pronto vuelve la quietud. Mientras, el incesante canto de los pájaros le sigue poniendo música de fondo a tanta paz que, que por ser tanta, hasta parece exagerada.


Una escuela sin chicos, pero con recuerdos

A cincuenta metros del caserío de los Agud está la que alguna vez fuera la Escuela Rural Nº 95. Cerrada desde hace años, el edificio sigue muy bien conservado, aunque el yuyal que lo circunda parece ahogarlo como el progreso hizo con Francisco Paz.

"Como ex alumna del CER Nº 95, escuela rural de ese querido pueblo de mi niñez, tengo muchos recuerdos e historias para contar. Soy tercera generación de alumnos y también fui vecina de esos ocho habitantes que aún quedan. Agradezco infinitamente que se acuerden de Francisco Paz y de su rica historia", dice el texto de un mail que Paola Papeschi envió a LaCapital.

"Yo estudié en esta escuela en la década del 70. Habremos sido una docena de pibes. Después se cerró porque no tenía más alumnos, el campo se fue quedando sin gente y sin chicos", reflexiona por su parte Rubén Agud.

Detrás del edificio escolar se adivina un pequeño sector de camping con mesas y bancos de cemento, al lado de una canchita de fútbol también invadida por el yuyal. Unas botellas vacías de gaseosas revelan que alguien pasó allí un grato momento bajo la frondosa arboleda.

Margarita Tévez vive en Rosario, y si bien no nació en Francisco Paz atesora imborrables recuerdos de su niñez, cuando llegaba en tren para visitar a sus abuelos y tíos, los Martini, que vivían en los campos aledaños.

"Mi madre nació allí, pero a los 18 años conoció a mi padre, se casó y se fueron en sulky a Casilda. Cuando yo era chica iba en tren a Francisco Paz, me bajaba en la estación que estaba enfrente de Agud y mi tío venía a buscarme en moto. «Llegó Margaritella», decía la nona cuando me veía entrar. Era toda una aventura que jamás olvidaré", recuerda la mujer con una emoción que ni el teléfono puede disimular.


Fuente: La Capital (Rosario)



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Nota: Las fotos de este posteado pertenecen al blog de OTMARJ80 de "Taringa".

miércoles, 2 de marzo de 2011

¿ESCUCHAN... EN EL FONDO?

VUELVE POR RADIO UNIVERSIDAD


Desde abajo, todos sonríen ante el desafío de la continuidad, mientras desde arriba alguien comparte también con alegría la iniciativa. Foto: Mauricio Garín.

El programa celebró veinte años en el aire y tras la desaparición física del querido Eduardo Baumann retorna al aire.


El programa “¿Escuchan en el fondo?” celebró en 2010 veinte años de permanencia en la radiofonía santafesina. Comenzó por LT 10 Radio de la Universidad Nacional del Litoral con un día de emisión a la semana, conducido por Jorge Céspedes y el entrañable Eduardo Baumann. Posteriormente el programa se amplió a todas las trasnoches de la semana, de lunes a viernes. Ahora retorna por la misma emisora este lunes a la medianoche, para reencontrarse con sus seguidores.

Comenzado el nuevo siglo, fue Eduardo Baumann quien se hizo cargo de la conducción. La característica principal del programa era la diversidad de la temática de los distintos micros que se ofrecían a los radioescuchas, que con el tiempo han ido variando. Hoy el programa consiste en micros (uno o dos cada noche) realizados por los especialistas de música clásica y popular en vivo, artes plásticas, literatura, matemática, tango, física, medios de comunicación, pueblos olvidados de la provincia y cine.

La participación

Por supuesto, como otra característica esencial del programa, siempre hubo y seguirá habiendo participación de los oyentes sobre la diversidad de aquellos temas que se abordan, además de invitados especiales por algún hecho en particular, siempre relacionado con la actividad cultural de la ciudad y toda la zona de influencia del medio.Las puertas del programa, como sostienen sus responsables, siempre estuvieron y estarán abiertas para todos los artistas que quieran anunciar sus presentaciones.

Quienes hacen “¿Escuchan en el fondo?” recuerdan con sentida emoción que el querido Eduardo Baumann se fue en diciembre y esa dolorosa circunstancia provocó “que nuestra energía esté puesta en la continuidad, en el respeto a la inteligencia y la audacia de Eduardo al convocarnos”.

Quienes han asumido la hermosa idea de la continuidad son Héctor Rotger, Horacio Bacigaluppo, Domingo Sahda, Stella Ricotti, Pablo Bocatto, Guillermo Girardini, Néstor Alessio y Antonio Brumnich.



Nota y foto editada por diario El Litoral de Santa Fe.-

jueves, 17 de febrero de 2011

RINCÓN DEL QUEBRACHO (DEP.S an Cristóbal)

Rincón del Quebracho fue un apeadero del ferrocarril General Belgrano en la línea Santa Fe- Tucumán, recorrido que llegará hasta La Quiaca. Este lugar, como tantos otros lugares, que nunca figuró en el mapa, estaba emplazado a orillas del río Salado en la margen este del departamento San Cristóbal, y a 11 Km. al noroeste de la ciudad de San Justo la cual se comunicaba a través de la RP2.

Se dice que su denominación recuerda la del paraje donde fue librado el combate entre los efectivos del general Mansilla y la escuadra anglo –francesa en 1845, a orillas del Paraná, en el antiguo departamento Rosario, (hoy departamento San Lorenzo).

A pesar de la importancia que representaba este apeadero como nexo departamental de la referida línea ferroviaria y centro substancial de cargas de productos rurales, no tuvo desarrollo urbanístico.
La zona urbana de Rincón del Quebracho estaba compuesta por la estación ferroviaria, dos casas tipo chalet también pertenecientes al ferrocarril donde vivían las familias del jefe y del auxiliar, y un poco alejado, el edificio de la escuelita primaria.

Cuenta Sergio Rivadero, hijo de quien fuera auxiliar de la estación, que a la escuela asistían a diario una veintena de niños hijos de peones de campo que llegaban a la misma en diferentes medios de transporte: bicicletas, caballos, sulquis, etc. Había un solo docente y viajaba todos los días desde La ciudad de San justo. Sergio, que junto a su familia nos visitó en el programa de radio, emocionado recordó aquellos días de su infancia en Rincón del Quebracho.

El apeadero administraba tres vías. La principal de paso, una auxiliar y otra para el estacionamiento de vagones. Sobre el paso de los trenes Sergio recuerda especialmente uno: el denominado “tren papero” que a gran velocidad pasaba a diario transportando alimentos perecederos con destino al norte del país.

Rincón del Quebracho no tenía comuna y junto a los parajes Petronila y María Eugenia componían el distrito Villa Saralegui.

Tristemente debemos hablar en tiempo pasado. El apeadero ha quedado en silencio y abandonado. Ya no para más el tren ni se oye el sonar de la campanita que desde el andén anunciaba los arribos y las partidas. Rincón del Quebracho es una de las tantas muestras de la infamia política de la Argentina de los años noventa, es la historia luctuosa que dejó a cientos de pueblos incomunicados y en el más profundo de los olvidos.
Ojalá algún día se revierta esta situación…Todavía estamos a tiempo para salvar miles de pequeños pueblos y parajes que se debaten en soledad el peligro de desaparición por despoblamiento.

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Foto apotada por Sergio Rivadero, hijo del auxiliar de la estación ferroviaria, junto a sus padres y hermanos.

sábado, 8 de enero de 2011

¡HASTA SIEMPRE!

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

Eduardo Galeano
( El mundo , de "El libro de los abrazos")


Nota escrita el día martes 28 de diciembre.


Eran las diez y media de la noche de anoche cuando una voz en el teléfono me daba una noticia de esas que jamás nadie quisiera recibir: murió Eduardo. Vamos no empiecen con esas bromas que dentro de unas horas inicia el día de los santos inocentes- conteste sonriendo. No hermano- no es una broma – me dijeron en forma concluyente-.


En efecto, una hora antes, a causa de un paro cardíaco masivo, había dejado de existir Eduardo Baumann, conductor de ¿Escuchan… en el fondo? programa que se emite por LT10 Radio Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe de lunes a viernes desde la media noche hasta las dos de la mañana.


Fui yo el último integrante incorporado al equipo de su programa. Cuatro años con el micro historiando los pueblos del interior provincial, sumados dos años más como ayudante de producción de programación, y más de una década de profunda amistad.


Había conocido a Eduardo en los caminos de la lucha. Era un militante de la vida. Le apasionaba la política y, en ese campo, las cuestiones sociales miradas desde la cultura, el arte.


Veinte años ininterrumpidos al frente de su programa y ya trabajaba para una nueva trasformación del mismo que iba arrancar en marzo de 2011, pero en los umbrales del año nuevo prefirió quedarse en el viejo.


Se fue un hombre cabal, inteligente, solidario como pocos. Se fue el amigo que siempre tendía su mano sin pedir nada a cambio. Se fue el maestro para no pocos.


Eduardo no murió, es una broma más de las tantas que nos tenía acostumbrado, pero sin dudas la broma más pesada de todas quizá por ser el 28 de diciembre, día de los inocentes.


Eduardo vivirá en el recuerdo de quienes quieran recordarlo, y en sus discípulos- que los hay- cada vez que llevemos a la práctica sus enseñanzas tanto en la vida como en ese mágico mundo de la radio, que fue parte de su mundo existencial.


No un adiós al amigo… un eterno hasta siempre.


Néstor Alessio


GALERIA DE IMAGENES




Último programa del año 2009


Desde su ubicación de conductor del programa se observa su mirada atenta al dialogo





En el festejo de los 20 años del programa, el equipo de ¿Escuchan en el fondo? le entregamos un presente para el recuerdo. Agosto de 2010.


Foto despedida año 2009




¡No un adios al amigo... un eterno HASTA SIEMPRE!

jueves, 30 de diciembre de 2010

SALUDOS DE FIN DE AÑO...

Estimados/as: desde agosto de 2010 estamos haciendo un programa deportivo alusivo al club colon de Santa Fe. Se emite todos los martes de 21:00 a 22:00 hs. por Radio Master 100.7 de la ciudad de Santa Fe. En Internet pueden sintonizarnos a la siguiente dirección: www.fmradiomaster.com
El pasado martes 28 de diciembre, en el último programa del año, al final del mismo, leímos una nota - de mi autoria- reflexionando sobre estas fiestas tradicionales del cristianismo: Navidad; y en general, de fin de año y año nuevo.... quiero, queremos todos quienes hacemos "Grande Sabale" compartila con ustedes.

P/D: por pedido de los oyentes la volveremos a repetir el próximo martes 4 de enero de 2011.


2010 llega a su fin. Un año más concluye. Otro comienza. Y las cosas en el mundo siguen igual o acaso peores. Siguen pendiente de soluciones los grandes problemas que aquejan en serio a la humanidad: la pobreza, la explotación, la exclusión, la guerra como mecanismo de dominación, los derechos humanos denominados de tercera generación que siguen sin respuestas de políticas globales que indefectiblemente nos arrastrarán hacia el fin del planeta.

Cuando llegan estas fiestas tradicionales del cristianismo, Navidad; y, en general, fin de año y año nuevo, se renuevan las esperanzas por un mundo mejor.

Desgraciadamente hay cosas que parecen solo una fachada. “La gente luce estar de acuerdo maravillosamente todo…; unos festejan sus millones, otros la camisita limpia y otros no saben lo que es brindar”, dice Silvio Rodríguez en "Canción para Navidad".

Habrá quienes se hartaran de tanto comer, se descorcharán cientos de miles de botellas de los vinos más caros y tipos de champagne, pero ahí al costado de los que tienen tanto, están ellos los que tienen poco, y también los que no tienen nada. Eso es lo que duele.

Pido disculpas si alguien que está escuchando se siente ofendido por estas palabras, que estos días, como muchos dicen, deben ser de alegría y solo de buenas ondas para así alejar las pálidas que cotidianamente observamos con solo ojear un diario o mirar la televisión.

Puede ser que sea así, pero yo no estoy inventando nada. “Las cosas se muestran solas… solo hay que saber mirar”. No muy lejos de aquí vi chicos revolviendo en la basura buscando que comer; en el norte del país impunemente se siguen vendiendo tierras públicas con pueblos indígenas incluidos; en Buenos Aires, hace días, vimos con tristeza el desfile de la pobreza bregando por un metro de tierra para hacerse un rancho; y en la periferia del mundo, la gente a diario se muere de hambre.

Claro que, como a todos los seres humanos, nos gusta la alegría, las cosas buenas, las palabras bellas… también somos portadores de palabras bellas. Asimismo, soy conciente y así lo entiendo, del compromiso que significa un programa de radio más allá de su temario, más allá de la línea ideológica que lo define, y no importa se este es: musical, deportivo, humorístico o político. Un micrófono abierto es un privilegio que solo tenemos unos pocos, entonces, que no sea insustancial.

Dentro de pocas horas levantaremos una copa para brindar por el nuevo año que se iniciará. Que ese brindis no sea en vano. No importa lo que haya dentro de la copa, lo importante es que cada uno de nosotros encontremos un verdadero motivo para brindar. Si esto que es mínimo se da, si esto que es mínimo lo descubrimos con solo mirar a nuestro alrededor, entonces podremos desearnos sinceramente feliz año nuevo…. porque estaríamos, todos juntos, construyendo.


saludos...

Néstor Alessio

Santa Fe, Argentina

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡FELICES FIESTAS!

Estimados amigos, estas pocas letras es para desearles felices fiestas con el deseo que el año venidero sea de Justicia, Paz y amor para todos.
Les dejo este video con el tema "canción de Navidad" de Silvio Rodriguez, que invita a reflexionar sobre un mundo cada vez más injusto y excluyente.
Un abrazo
Néstor

sábado, 11 de diciembre de 2010

SAN JERONIMO DEL SAUCE - Las colonias-

San Jerónimo del Sauce primitivamente fue una colonia indígena, sucesora de la reducción abipona de San jerónimo del Rey (actual ciudad de Reconquista y Avellaneda- Norte de la provincia de Santa Fe), donde se inició el proceso de colonización agrícola.


En 1825 – año que se toma como fundación del pueblo- fue construido en el lugar, un templo que ha sido declarado monumento histórico, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, a fines de 1983.


Su comuna fue creada el 21 de marzo de 1887. La localidad de San jerónimo del Sauce es cabecera del distrito de igual denominación, cuya superficie comprende 180 kilómetros cuadrados y tiene aproximadamente 1.000 habitantes.


Está situado sobre la Ruta Nacional Nº 19 (camino a Córdoba) a 45 kilómetros de la ciudad de Santa Fe.


San Jerónimo del Sauce celebra sus fiestas patronales el 30 de septiembre.


Mi recorrida por los pueblos, esta vez acompañado por el profesor e historiador Don Julio del Barco -oriundo de la vecina localidad de San Jerónimo del Norte-, siempre comienza por el más común de los lugares: la plaza central. Allí se concentra toda la historia que envuelve a cada uno de estos lugares que dieron origen a la Nación Argentina.


Cuenta la historia que en tiempos de la colonia lo primero que se demarcaba en la fundación de un pueblo era su plaza de armas, y en su entorno se construían las edificaciones públicas y las casas de las personalidades más importantes que acompañaban cada expedición.


San Jerónimo del Sauce conserva ese dibujo de un tiempo colonial, y su edificación más representativa es su Iglesia San Jerónimo, emplazada frente al vértice sur -oeste de su plaza central.


Al oeste se ubica la comisaría, el juzgado de paz y la comuna que data de 1887. En la esquina nor.- oeste el club coronel Denis, y hacia el sector este, un antiguo edificio en cuya fachada se puede observar la impronta de la arquitectura italiana de principios del siglo XX., en el cual, actualmente, funciona la Casa de la Cultura y la Biblioteca.

En la misma, nos recibió Maricel Kling, joven saucera que integra, desde el marco de la cultura, el grupo de jóvenes que colabora con el gobierno comunal que preside el Sr. Daniel Ríos que, dicho sea de paso, está cumpliendo- por estos días- su primer año de gestión.


Maricel, muy gentilmente nos obsequió algunos ejemplares de “La voz del sauce”, revista quincenal editada por la Casa de la Cultura. Allí encontramos una verdadera “historia de vida” que sintéticamente comentamos a continuación:


Su protagonista: Doña Esbelda Isabel Mansilla de Boscovich. La familia estaba formada por sus papás Marcelino Mansilla y Tomasa Bettig y sus 14 hermanos de los cuales cuatro habían muertos al nacer. Vivían en un ranchito de adobe y paja en las afuera de la localidad, hasta que se mudaron a la casona que actualmente pertenece a la casa de la cultura.


De muy joven salio de su casa a trabajar en un tambo donde estuvo dos años. Allí conoció a quien fuera su esposo, Don Pedro Boscovich, emigrante de la ex Yugoslavia que venía escapándole a la guerra.


Tuvo tres hijos: Marcelino, Ethel y Jerónimo… nietos y bisnietos.


Doña Esbelda falleció hace poco tiempo, pero seguramente su existencia no pasará en vano entre los sauceros. Las huellas dejadas en base a su conducta y honradez, a pesar de las adversidades de los tiempos en los que le tocó vivir, sin dudas serán para las nuevas generaciones un claro espejo donde mirarse, fundamentalmente, en los momentos más difíciles que muchas veces nos propone la vida.-


GALERIA DE FOTOS


Daniel Ríos, Presidente de la Comuna

Avenida emplazada al norte de la plaza central. Representación simbólica de la integración cultural del pueblo

Carreta que reuerda los tiempos en que todo estaba para hacerse

Avenida emplazada al este de la plaza central

vista de la plaza central. Foto tomada desde la avenida norte

Maricel Kling, Casa de la Cultura


Dos vistas del frente edificio perteneciente a la Casa de la Cultura


Frente Iglesia San Jerónimo comstruida en 1825

San Jerónimo. Imagen original tallada en madera trasladada a principios del siglo XIX, desde el Fortín San Jerónimo del Rey, actual ciudad de Reconquista, Norte de la provincia de Santa Fe.


Vistas del interior de la Iglesia San Jerónimo

Pesebre emplazado a la entrada de la iglesia

Patio de la iglesia

Museo. Sable y lanza que perteneciera al Coronel Deniz.

Museo. Armas largas antiguas donadas por vecinos.

Frente club coronel Deniz

Hasta el próximo pueblo...
... la próxima historia.

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Agradeciemientos:
Daniel Ríos, Presidente de la comuna
Maricel Kling, Csa de la Cultura
Maria Villafañe, grupo mujeres Iglesia San Jerónimo