Un mar de fueguitos...

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
—El mundo es eso —reveló—. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."

Eduardo Galeano
( El mundo , de "El libro de los abrazos")

*******************************************************************************************

sábado, 20 de noviembre de 2010

SI PARECE CIENCIA FICCION EN LA ARGENTINA DE ESTOS TIEMPOS

UN MODELO DE HOMBRE A IMITAR


El sábado, en su glorioso recital, Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama, se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No se si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo.


La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.


A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche. Jairo dijo que lo contó por primera vez en su vida.


Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre. El teatro se llenó de lágrimas. Los aplausos en la sala denotaron que gran parte de la gente sabía quien había sido ese médico rural que llegó a ser presidente de la Nación. Pero afuera me di cuenta que muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota. Y les prometí que hoy, en esta columna les iba a contar algo de lo que fue esa leyenda republicana.


Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII. Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia. Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3 % y en 1965 el 9,1 %. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1 %. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363 millones. Parece de otro planeta.


Pero quiero ser lo mas riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2 % de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto. Le doy un dato más: el voto en blanco rozó el 20 % y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan de lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores.


Por su histórica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy más facturan en el planeta: los medicamentos y el petróleo. Nunca le perdonaron tanta independencia. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. Por eso digo que a Illia lo voltearon los militares fascistas como Onganía que defendían los intereses económicos de los monopolios extranjeros. El lo dijo con toda claridad: a mi me derrocaron las 20 manzanas que rodean a la Casa de Gobierno.


Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca más un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó.


Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos. A Don Arturo Humberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho más pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo.


Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. (Sillón presidencial)


Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo: - Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan. Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.


Columnista: Alfredo Leuco, periodista

Jairo: cantor popular argentino

7 comentarios:

  1. Que pena que las calles no lleven su nombre, ni las escuelas, has hecho un hermoso homenaje, grande Illia! Besos tía Elsa.

    ResponderEliminar
  2. Desde luego que es a imitar, tanto en Argentina como en todo el mundo. Com dice, Tía Elsa, su nombre debería ser el de calles, colegios...

    Todo un placer volver por aquí, amigo Néstor, y recibir tus visitas. Mil gracias!

    Por cierto, soy segidor del Real Madrid, por lo que me preguntabas el otro día. Ya me imagino que te informarías de la paliza que los de Pep Guardiola nos metieron el otro día. Tengo que reconocer que el Barcelona es el mejor equipo de mundo, hoy or hoy.

    Un abrazo!!

    ResponderEliminar
  3. Tia Elsa: en la ciudad de Santa Fe hay, desde hace unos cuantos años, una no muy laga avenida con el nombre de Artuto Illia.

    David: vi el partido entre entre el Real y el barca... es verdad auqnue le pese a quien le pese hoy po hoy el barcelona es el mejor equipo del mundo.

    ResponderEliminar
  4. Hola Néstor: el Dr. Illia es uno de nuestros próceres y merece que las mejores avenidas y/o calles lleven su nombre. En Neuquén capital, hay una hermosa avenida con su nombre. Y Jairo, el mas grande de los cantantes argentinos, es además una gran persona. Le doy las gracias por existir y regalarnos lo mejor de sí en cada actuación. Y recordar al Dr. Illia lo hace un ser excepcional. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Entrañable historia de un grande de la U.C.R.En la ciudad de San Justo, cerca de Ramos Mejía donde vivo, dos grandes avenidas convergen: Arturo Illia y J.D.Perón... cosas que suceden verdad? Hay una escuela que lleva su nombre y debe haber más, Ver:
    http://www.originarios.org.ar/index.php?pageid=13&noticiaid=4767

    ResponderEliminar
  6. http://www.mdp.edu.ar/illia/paginas/datos.htm

    Colegio Nacional en Mar del Plata.

    ResponderEliminar